viernes, 24 de junio de 2016

Como La Sangre: Culpa En Las Venas

La vida suele dar muchas vueltas, ahora le tocaba a Alejandro vivir esta experiencia...
Aprovechando que su madre había salido al otro lado del país para trabajar, Alejandro se la pasaba todo el día pensando y preguntándose lo mismo una y otra vez, cada vez que no encontraba la respuesta, se hacía una pequeña cortada en los brazos, y las contaba en voz alta, ya llevaba 18 y seguía contando.
-¿Qué hice mal? ¿Debí enfrentar a mi padre o escapar con él? ¡NO!... ¡diecinueve!... ¿Debí de haber hablado con una oficina de gobierno? ¿Pero... eso no pondría en peligro a mi madre? ¡Veinte!, ¿¡POR QUÉ DIOS, POR QUÉ!? , ¡Veintiuno!... Mis brazos... duelen...
Por más que quería responder no podía, eso era porque estas preguntas no tenían ninguna respuesta, simplemente sucedieron las cosas...
Cuando iba en la veintidosava cortada, de tanto que temblaban sus manos, tiró accidentalmente la navaja de su sacapuntas debajo de la cama. Mientras la buscaba, encontró la libreta roja, rápidamente, tomó el lápiz que tenía encima de una mesa de madera pintada de blanco y escribió toda la historia...
Terminando de escribirla volvió a cuestionarse sobre lo sucedido, revisaba una y otra vez su libreta pero nunca encontró respuesta a sus preguntas.
Finalmente se cansó, un poco mareado por la sangre que había perdido y con los brazos llenos de cortadas e irritado se fue a duchar. Después de ducharse, miró por la ventana, se relajó por un momento pero eso duró poco porque se soltó en llanto cuando dijo en un murmullo –Ojalá estuvieras aquí... Daniel...-
Por un año estuvo así, unos momentos estaba alegre, otros, de la nada, empezaba a llorar, se autolesionaba con medida, porque no quería morir como Daniel, pero si quería desechar esa tristeza que sentía por medio del dolor físico.
Sí, también cada vez que se equivocaba o sacaba una nota baja en cualquier materia de la universidad se autolesionaba, siempre fingía ser una persona alegre para que los demás no vieran su debilidad, él se sintiera solo y vacío.
Un día conoció a un chico, este también era homosexual, pero no lo sabía, fueron grandes amigos aunque a veces discutieran y esto llevaba a Alejandro a su mal hábito de la autolesión.
Un día, Raúl, su amigo, vio sus brazos y le pregunto por qué lo hacía, Alejandro solo respondió
-Lo que pasa, Raúl, y tal vez nunca entiendas, es que siento Culpa en las venas.

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