viernes, 24 de junio de 2016

Tu Vida En Tus Manos: No Fue En Vano

Estaba de vuelta en el quirófano frente a sí mismo y estaba por operar a su más importante paciente. Por alguna razón ya tenía todo la vestimenta requerida para operarlo. Se acercó a él e intuitivamente le abrió por la mitad.
La prueba que tenía que superar para sobrevivir era muy complicaca incluso para un doctor de su talla.
El paciente estaba lleno de espinas y clavos por dentro. Intestinos, higado, riñones, estómago y pulmones estaban repletos de pinchos.
-¿Cómo demonios pasó esto? - Dijo mientras cogía las pinzas de la bandeja.
Quitó la primera espina con sumo cuidado de no dañar más los organos del paciente, cuando la logró quitar se encorvó del dolor y se llevó las manos a su vientre.
-¿Qué demonios pasa? - Se volvió al paciente y vio como automaticamente se cerró la herida cuando quitó el pincho.
-No me digas que...
Miguel comprendió que durante toda la operación, cada vez que quitase un clavo o una espina del cuerpo del paciente, sentiría el mismo dolor que se supone, el paciente debía de sentir, tenía sentido, se estaba operando a él mismo así que esto no le pareció muy ilógico pero se angustió demasiado al ver como subía la dificultad de la operación y dudó sí podría salvarse.
Suspiró varias veces y analizó lo que tenía que hacer. Era hora de entrar de lleno a la operación.
-Bien... Aquí vamos. - Tomó sus herramientas y comenzó a sacar los objetos punzantes.
Al principio le dolía demasiado que hasta dudó varias veces sí podría lograrlo sin que antes se desmayase del dolor. Después se fue acostumbrado al dolor hasta que le tocó sacar una espina muy grande que tenía atravezada en el pulmón derecho.
Lo sacó sin casi pensarlo y se quedó un par de minutos sin poder respirar bien. Cuando recobró el aliento fue cuando prosiguió.
-Bien, esa era de las más grandes, voy a seguir sacando pequeñas piezas para que no me canse demasiado.
Era buena idea, empezar por lo que ya casi no le dolía para poco a poco ir aumentando de tamaño y por ende, de nivel de dolor.
Después de sacar cerca de doscientas espinas y clavos decidió tomar un poco de aliento, secarse el rostro, limpiar sus materiales y cambiar de guantes.
Cuando volvió a tomar sus herramientas y sacó un clavo mucho más largo de lo que imaginó cayó casi inconsiente al suelo. Despues de unos pocos minutos se volvió levantar, pero así como se levantó volvió a caer, pero ahora no se levantó.
Antes de quedar inconsiente escucho a su hija echandole animos para que se lavantara pero todo era en vano porque ya no le quedaban fuerzas ni fisicas ni de voluntad a Miguel.
Ya tenía por seguro que había perdido la batalla pero no se sentía tan mal, dio su mejor esfuerzo y sabía que ahora se reencontraría con su famila que tanto extrañaba, de alguna manera se sentía felíz.
Al final de cuentas su esfuerzo no fue en vano.

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