-¡La tarea de matemáticas! - Gritó Tobías al entrar al salón de clases. Alan lo escuchó y recordó que él tampoco la había hecho. No era el único con un problema, aunque tenía todos los espacios libres entre clases y el recreo, pero sabía que no la iba a poder hacer; simple y llanamente no era capaz de trabajar bajo presión.
-¿Tú sí hiciste la tarea, Alan? - Le dijo una voz a su espalda.
-No. Se me olvidó, Adrián. - Se volvió hacia él.
-No te preocupes, cuando termine esta clase, te la paso. - Le dio unas palmadas en el hombro para calmar su espontanea sensación de nerviosismo que ni el propio Alan notó en sí mismo.
-Muchas gracias Adrián. - Le sonrío.
Al primer rato libre (entre la clase de geografía e inglés) le pasó media lección y, entre la clase de inglés y de ética, lo que le faltó. El único problema era que si la maestra de matemáticas le preguntaba a Alan cómo le había hecho para resolver la lección, pero prefirió (como siempre) no pensar en ello, excusándose de que siempre le preguntaba a los más inteligentes o a los más incumplidos.
En el recreo Alan quiso estar con Adrián, pero, antes de hablarle se aseguró de que estuviera solo para no interrumpirlo. Se alegró al verlo sentado en la misma banca que siempre, esperándolo.
-Hola Adrián.
-Hola Alan.
-¿Por qué ayer estabas tan raro y no me querías hablar? - Dijo sentándose a un lado suyo.
-Por nada. Es sólo que a veces me siento... Diferente.
-¿A qué te refieres con diferente?
-No te lo voy a decir, y no es porque no quiera, sino por miedo a cómo te lo vayas a tomar.
-Pero Adrián, se supone que somos mejores amigos. - Le volvió a sonreír. - Sea lo que sea que me quieras contar lo puedes hacer, yo te voy a escuchar y lo voy a tomar a bien.
-Pero no es eso lo que me preocupa sino lo que estoy empezando a sentir. - Se detuvo de golpe, pero luego reparó en seguir al ver la mirada compresiva de Alan. - Mis sentimientos están haciendo cosas raras.
-Los míos también, es raro, desde hace tiempo he sentido algo que no debería de sentir pero...
-Pero aun así lo sientes. - Le terminó Adrián.
-Y... Creo que lo que estoy sintiendo es hacia alguien a quien conozco desde hace mucho, mucho tiempo, es alguien quien ha estado siempre a mi lado y que, no sé, a veces pienso que podríamos ser algo que no fuera amigos, pero... No sé si eso podrá ser o no.
-No te entiendo.
-No importa. ¿Y tú, qué sientes?
-Este... - Su piel se ruborizó y se quedó unos segundos eternos agarrando valentía para hablar, cuando, de un suspiro y una sola frase, cortó el silencio. - Creo que no me gustan las mujeres. Soy gay.
-¿Enserio? - Se le dibujó una sonrisa de oreja a oreja y sus ojos brillaron de alegría. Era el momento para decirle lo que sentía por él. Comenzó a temblar. Su respiración se aceleró y lo dijo de golpe. - ¡Te quiero Adrián, te quiero mucho! ¡Por Dios, te quiero desde ya hace varios años! - Alan fue entonces a abrazarlo.
-Por favor, no te burles de mí, ¡idiota! - Empujó a Alan con todas sus fuerzas y lo tiró al suelo. Varios de los que estaban tranquilos disfrutando del recreo se volvieron para ver el desenlace de la disputa.
-No... No estoy mintiendo ¡te quiero mucho!
-Alan, pensé que eras diferente, no se juega así con las preferencias de una persona, ¡no se juega así!
-Pero Adrián. - Dijo levantándose. - No te estoy mintiendo, en verdad te quiero mucho, desde que supe el significado de lo que era querer, desde hace muchísimo tiempo, ¡Adrián! ¡No te vayas! - Recibió un golpe en la cara cuando intentó acercarse a Adrián.
-¡Aunque sea verdad lo que me estás diciendo!, nunca ¡nunca andaría contigo! ¡yo estoy enamorado de alguien más! así que tu bromita no sirve de nada así que por favor, no te me vuelvas a acercar nunca a mí, ¿entendiste? ¡Nunca!
-Pero... - Adrián se fue a paso apresurado de él, sobándose los nudillos por el impacto que tuvieron con la cara de Alan. Se fue sin volverse a él. Tirado en el suelo. Llorando con las manos en el rostro. Viendo a sus sueños de tener a algo más que un amigo desaparecer, con sus deseos caídos y la cara adolorida. Había perdido más que a un amigo, había perdido a su primer y a su mejor amigo. Se repetía a sí mismo al tiempo que las lágrimas recorrían su sendero de sus lagrimales a su barbilla: No era broma, no era broma, no era broma...
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